Lo peor de todo es que te llenas la boca al decir que la
democracia es real y que la libertad está garantizada. No pasa un solo día en
el que no me sienta más esclavo de tus recortes, de tus medidas de austeridad,
de tus falsas esperanzas y de tu asquerosa democracia. Porque no somos
libres. Mi vida ha tenido la duración
suficiente para ver a personas indeseables, a seres sin corazón pero lo que
siento al verte a ti se escapa de mi entendimiento.
No soporto ver cómo me mientes en la cara, no aguanto un insulto
más, no tolero ver como engañas y haces sufrir a los que menos tienen. Desde
que aquí y para ti, eres un ser despreciable.
No es tu mujer la que cobra un subsidio de desempleo,
tampoco son tus hijos los que estudian una carrera para terminar trabajando
sirviendo copas (los que tienen suerte). Tampoco es tu madre la que tiene que
trasladarse a otros hospitales por enfermedad ni tampoco tu padre al que le
aumentan las horas de trabajo por menos dinero. Eres un sinvergüenza.
Aunque claro, tampoco cabe esperar nada más de “un pueblo
que os ha elegido para gobernar”. Todos querían un cambio, todos pedían que
esto se solucionara de una vez. Queridos españoles, esto solo acaba de
comenzar.
Porque quiero darte la enhorabuena por haber llegado a la
Moncloa que tanto querías, porque quiero felicitarte por haber protagonizado la
mayor oleada de recortes de nuestra historia y al igual que también quiero
agradecerte que “nos estés sacando de una crisis” no importando a qué precio.
Porque créeme, nada es gratis.
Eso sí, los recortes que sirvan para recortar la esperanza
de la gente, la ilusión de una juventud muerta en su país, la sonrisa de
enfermos, la alegría de los parados y la felicidad de un país. Porque nos puede
faltar educación, nos puede faltar sanidad y medicamentos, nos puede faltar una
casa, nos pueden faltar becas, luz o sencillamente el pan… Eso sí, que en
España y en tu gobierno no falten ni políticos ni iglesias, ellos nos sacarán
de la crisis.
Atentamente, un joven más, un indignado más.
