sábado, 30 de junio de 2012

Amistad olímpica.



Momentos como los vividos en los últimos tres días son por los que merece la pena vivir. Personas como las que conocí en ese periodo tan efímero de tiempo, son por las que merece la pena sonreír. Como ya he dicho en anteriores publicaciones, mi vida ha sido corta pero tremendamente intensa. He vivido de manera imparable y cambiante, de manera que ninguno de mis días ha sido parecido al anterior, de manera innovadora e incluso aventurera. Pero señores, esta vida no deja de sorpréndeme.
Hace poco más de un mes, un señor de voz arrolladora me llamó para comunicarme que había sido seleccionado para representar a canarias en las olimpiadas nacionales de economía. Mi alegría no pudo ser mayor, aunque por aquel entonces poco imaginaba acerca de la tremenda experiencia que me esperaba.
El día de viajar hacia Albacete se acercó y con él unos nervios un tanto curiosos. No por el examen de la fase nacional ni tampoco por una clasificación muy poco probable, si no por las personas que allí me encontraría. Después de estos tres día sonrío al pensar lo gran ignorante que era, al no saber ni por asomo lo que la vida me tenía preparado.
Queridos lectores, tengo que reconocer que no me alcé con el título de los diez mejores “economistas” de España (Mi compañero Miguel sí, y desde aquí le felicito), aunque entré en otra clasificación mucho mejor.  No obtuve los 1.200 euros de premio para los clasificados, aunque el que yo me llevo es de valor incalculable. La amistad es algo que no tiene precio.
Itzíar, Miguel, Juan, Nacho, Tamara, Cristina, Cecilia, Angel’s… son solo algunos de los nombres que compusieron una de las mejores experiencias de mi vida. Muchas gracias por haber hecho que mi paso por esa ciudad un tanto triste fuera inolvidable, por hacerme reír hasta reventar, por haberme mantenido en vela a las cuatro y media de la mañana con historias propias de películas, por haberme hecho sentir especial.
Ya lo decía Richard Bach “Nuestra amistad no depende de cosas como el espacio o el tiempo”.  No importa la distancia, no importa el tiempo que pase hasta volver a verles (cosa de la que estoy seguro), siempre les recordaré como esas personas que hicieron que disfrutara tres días como si fueran toda una vida. Mil gracias de una persona que les recuerda con el mayor cariño que se puede recordar a alguien. Mil gracias de vuestro amigo, “el canario”. Les quiero.