No tengo una historia que contar.
No tengo ese sentimiento que tanto me atrapó. Carezco de todas las ganas por
impulsar algo muerto, algo incierto y apagado.
No se trata de buscar culpables,
probablemente no los haya. Tampoco consiste en desprestigiar nuestros recuerdos
ni nuestras vivencias, de ellas aprendí y logre sacar a flote parte de mi
personalidad. Pero las cosas mueren, se marchitan y caen en el olvido. El círculo me asfixió, el desinterés me agotó
y la incertidumbre propició que tirara la toalla. Contra todo pronóstico, lo
que un día llegó a ser mi salvación hoy me quita vida. Porque incluso las
piedras más duras terminan cediendo.
La vida se ha encargado de echar tierra
de por medio, de cerrar esas heridas que tanto han dolido y de poner distancia
y olvido. Aunque tu recuerdo me golpea de manera permanente, aunque aún escucho
tu voz, aunque aun siento tus abrazos y tus palabras… No quiero seguir
caminando de la misma manera, no seguiré con algo que me roba.
Sé que eres una persona sensata,
una persona crítica y fiel a sus principios. Por eso te pido que entiendas que
es inútil por ambas partes luchar por algo que no nos aporta nada, por algo que
ha ido muriendo con el paso del tiempo. Y también quiero que sepas que no fui
yo el que comenzó esto aunque admito que lo alimenté. Siendo un poco egoísta,
creo que mi único error ha sido el no tener el valor para terminar con esto
antes. Porque el daño no lo he causado yo.
Esta es una de esas despedidas
que nunca tuve, es un paréntesis en nuestros caminos, es un final para dar paso
a un nuevo comienzo, sin ti. No sé si mi elección es la correcta, no sé si las
consecuencias serán las esperadas al igual que tampoco sé si me arrepentiré en
un futuro. Pero supongo que esto es la vida, elección, cambio y superación.
Espero que sientas lo que siento, espero que comprendas y aprendas de nuestros
errores.
Nuestra historia no comenzó de la
mejor manera posible. Recuerdo con claridad que me declaré a ti como todo un
galán, con la inocencia de un niño. No sé si seria por el exceso de tiza en
polvo espirado o por el calor que todavía hacia en ese septiembre, pero el caso
es que en esa maravillosa clase de matemáticas me dijiste que tu también “me
querías”. Tanto duró nuestro amor que en plástica me dijiste que ya se había
acabado y que lo nuestro era imposible.
Mi corazón, que por aquel
entonces tendría el tamaño de una papa pocha, quedó destrozado. Pero tranquila,
no te sientas culpable, desde que soy gay lo he superado. Haciendo memoria,
llegaste a romperme el corazón más de una vez. Aquella vez que empezaste a
salir con mi mejor amigo (una traición imperdonable), aquella vez que no te
deje sentarte en medio de Bea y de mí en sociales (todo un drama), aquella otra
que te di tu regalo de cumpleaños antes de la fecha por qué me era imposible
verte del dolor que sentía… en fin.
El caso es que poco sabrían
aquellos mocosos, seis años después, de lo que sería de nosotros y de nuestra
larguísima historia de amor. Sabes, contigo me pasa algo que no me pasa con
ninguna otra persona. Tengo ganas de protegerte, de que no te pase nada malo y
de que la vida solo te traiga lo mejor que te pueda ofrecer.
En unos pocos días estaremos a
muchos kilómetros de distancia y ya no estarás ahí para abrazarme cuando lo
necesito. Ya no estarás para darme la mano cuando siento que no tengo fuerzas,
ya no estarás para decirme esas tonterías que solo tú me dices. Se abre una
etapa nueva de tu vida lejos de aquí, pero que estoy seguro que será una de tus
mayores aventuras. Sería imposible expresarte lo mucho que has hecho por mí
todos estos años, pero puedo decirte con la mano en el corazón, que parte de mi
vida te la debo.
Quiero que sepas que para mí eres
una de esas personas que me ha enseñado mucho de la vida.
Me ha enseñado a
reír, a pasarlo bien, a olvidar los problemas, a bailar con las alegrías y a
convivir con las penas. Me has enseñado que un nada puede ser un todo, que un
vacío puede significar un completo y que el vaso siempre está medio lleno. Que las alegrías a medias pueden ser plenas,
que en la lentitud existe lo tenaz y que en la rapidez hay energía. Que las
noches pueden ser abrasadoras y los días muy fríos, que la altitud no siempre
es sinónimo de triunfar y que caer no siempre significa perder.
Ya ni sabría cómo definirte. Eres
el cambio hecho persona, lo inesperado. Eres una de esas chicas que se adaptan
a las dificultades y las supera sin miedos, una de esas mujeres que tiene claro
su objetivo, que sabe reaccionar ante lo inestable y que pelea por alcanzar la
felicidad.
Nuestra amistad nos ha dado momentos que
quedarán para siempre grabados en nuestros corazones. Nos ha regalado un libro
en el que hemos ido colocando cada letra con cautela pero con el mayor cariño
que dos personas pueden tenerse. Y estoy seguro, también nos ha regalado vida.
Amiga, siempre te llevaré conmigo. Da igual el tiempo que
pase hasta volver a verte (espero que no mucho porque te rajo como a una
caballa), da igual la distancia que nos separe, da igual que hagamos nuevos
amigos, nuevas vidas, da igual que crezcamos, que evolucionemos como personas…
Siempre podrás contar conmigo, con tu “premo” favorito.
Ya por último me gustaría que sonrieras y pensaras en ese
futuro prometedor que te espera por delante. Piensa que todo es temporal, que
la vida cambia y que los sueños siempre seguirán. Siente que estoy contigo, a
tu lado en todo momento. Cree que cuando te vuelva a ver te asfixiaré del
abrazo que te daré.
Nunca desistas en el intento de
lograr que tu vida sea increíble. Nunca caigas ante la ordenanza del miedo y demuéstrale,
como hasta ahora, que contigo no podrá. Nunca permitas que otros te digan ni un
ápice de cómo debes encaminar tu destino. Nunca apagues esa sonrisa que tanta
falta me ha hecho. Nunca llores sin aprender de tus lágrimas. Nunca olvides que
siempre te querré mi flaca.