Lo siento, es algo tan grande
como la propia naturaleza humana. Es el éxito configurado, la fama de una
personalidad, la gloria de una versión olvidada de mí mismo.
Ya perdí la cuenta de los
cigarrillos que aspirado, de las malas noches, de las botellas de ese alcohol
que sabe a madera vieja. No sé la cantidad de éxtasis que encontrarían en mi
sangre. Sinceramente no recuerdo ni nombre. Ese nombre que otros muchos si
pronuncian, ese nombre que me ha enseñado la mejor cara de la vida, ese nombre
que me ha mostrado el lado más amargo del camino.
Mis pequeños delirios han sido
mis más profundas enfermedades. La locura ha hecho de mis días una aventura
difícil de entender, en un mismo paso suelo ganar y perder. Quieren mi horror,
mis miedos y mi sentido del humor. Carecen de criterios de autodeterminación,
pues en mis debilidades encontrarán sus más terribles perdiciones.
Porque pudo conmigo, podrá con
ellos. Es el límite, es la gravedad, es el crimen de un hombre atado, la
barbarie de una sociedad con miedos la que terminará por destruir todo lo que
un día ella misma forjó. Y es que estimados amantes de la cordura, las grandes
historias también se hicieron para contar los grandes fracasos, un fracaso tan
real como doloroso, un fracaso tan cierto como mi propia vida.
En algún momento el filo de
amargura terminará por tumbarme, no podré responder por la sumisión de mis días
en esa oscuridad a la que siempre he retado. El servicio de un hombre al mundo
puede aportar maravillas o desgracias, yo ya decidí mi camino. Querida
perdición, cada día te quiero un poco más.
Y no me arrepiento, mi decisión
ha sido solo mía. Siento quitarte el protagonismo al que estas acostumbrado
para decirte que no vales nada, que has sido un olvidado cero a la izquierda. Y
me gustaría achacarte todas y cada una de mis desgracias, me encantaría
gritarle al mundo lo cobarde que has sido. Pero en esta ocasión, no es el
veneno de tus labios lo que tortura, es otro tipo de amargura.
Quiero el mundo, lo quiero todo.
Y por querer tanto me dejaron de querer hasta el punto de querer no querer,
hasta el punto de implorar querer.
Confesiones compartidas de un
perturbado, de un hombre al cual el aire no le basta para respirar.