martes, 29 de mayo de 2012

Puñado de capullos.

Siempre he odiado los finales tristes. No soporto esa sensación de melancolía cuando el "Titanic" se hunde,  cuando la joven del "Mouling Rouge" muere de tuberculosis o incluso cuando ET regresa a su planeta. Es algo que puede conmigo y que despierta mi salvaje instinto de crítica. No os asustéis, no es nada nuevo ni nada raro en mí. Existen gays poco sensibles.
Es por eso por lo que no pretendo dar a estas palabras un aire de melancolía ni de ningún sentimiento parecido. No quiero que esto se traduzca como esa película  "PD: Te quiero" ni mucho menos, si no todo lo contrario, como unas palabras de agradecimiento y de orgullo para todas esas pequeñas personitas que han marcado una  pequeña huella en mi corazón. 
Otro aspecto fundamental en mí, es que odio los tópicos por lo que me odiaría durante cien reencarnaciones si empezara diciendo "en primer lugar, me gustaría agradecer...". Me produce tal sensación de vomitar arco iris que me cuesta hasta tragar. Por eso, y basándome en estos aspectos fundamentales ( y de poco interés común) de mi vida comenzaré a escribir lo que mi bolígrafo mordisqueado y mi corazón me dicten. 
Sois los grandes de la amistad. Esas personas maravillosas que entraron en mi vida de manera silenciosa pero con el propósito de quedarse. Esos valientes que han sabido levantarse y levantar a todos. Esos sinvergüenzas a los que quiero a más no poder. 
No mentiría si dijera que esta amistad que nos ha unido de esa manera tan especial y entrañable pronto cambiará. No es nada nuevo el hecho de que pronto nuestras vidas cerrarán un círculo, que nuestras prioridades cambiarán y con ellas nuestras compañías. Eso ni es novedoso ni mentira, pero si es un hecho. 
La cuestión ya no es el grado con el que cambien los acontecimientos, si no aquella parte que permanezca intacta con el trascurrir de los años. No importa que conozcamos nuevas personas, nuevas visiones, nuevas experiencias. Las vividas siempre las llevaremos en el corazón y en la memoria, por que estos años hemos aprendido lo bonito que puede ser querer y ser querido. Ser y tener un amigo. 
Por todo ello, solo quiero que sepáis que siempre os llevaré en mi mochila, que siempre os tendré conmigo aunque no pueda verles y que siempre les recordaré como aquellos maestros y alumnos de la vida. Por que todos nos hemos enseñado. Por que de todos he aprendido. 
¿He mencionado que odio los finales tristes? Os quiero, puñado de capullos. 


miércoles, 16 de mayo de 2012

Y así vamos...


Es criminal, abusivo, injusto e inhumano. No entiendo en que tiempos vivimos, si en aquellos donde los “politicuchos” hacen del mundo algo pequeño o aquellos donde los grandes, la sociedad en su conjunto, duerme de manera profunda.
Entiendo que existe una crisis económica generada por una panda de inútiles, entiendo que nuestros días son cada vez más pobres o que la situación de desesperación solo aumenta con el paso del tiempo e incluso puedo llegar a entender que nuestro “querido” gobierno prefiera apostar por la austeridad antes que por el crecimiento. Ahora, de la austeridad a la injusticia hay una brecha enorme que distingue y deja ver el color de mierda que lleva nuestro país.
Subida de tasas universitarias, recorte de personal docente, subida de impuestos, recorte de becas, recorte en sanidad, inmigrantes desatendidos, reforma laboral digna de animales, supresión de las ayudas al desempleo… ¿Le queda algo por hacer? ¿Algún insulto más? ¿Algún otro atropello? A sí, me olvidaba. Nuestra santa sede, nuestros curas y nuestra religión que no pasen hambre por dios, a ellos ni un céntimo de recortes. Cuando tengas hambre, siempre te quedará la fe.
Y nosotros, fieles seguidores de nuestra bandera, aunque compartamos un huevo frito entre tres (ya lo dice el dicho) nos sentamos a esperar a que la situación cambie. Nos conformamos con la excusa de que “es necesario” que nos recorten hasta las vocales de nuestros nombres, nos quedamos mirando cómo se pasan por el forro de sus partes nobles los derechos por los que han luchado generaciones y generaciones. Nos alienta pensar que la austeridad nos salvará, cuando esto solo puede ir a peor.
Pensaba que vivía en un país diferente. Imaginaba que nosotros reaccionaríamos ante una oleada de injusticia como la que vivimos y que nos alzaríamos con un grito ensordecedor ante aquellos que piensen que somos peones de sus planes. Pero nada más lejos de la realidad, esperamos pacientes a que nos atraquen plácidamente, a que nos roben sin contemplaciones.
Hoy, la dueña de Europa y la mejor amiga de los recortes, Angela Merkel, ha anunciado que ella y su séquito se suben el sueldo un 5,7%. A eso lo llamo yo austeridad en su pleno significado.

lunes, 7 de mayo de 2012

La soprano.


La señora soprano se colocó el pendiente de zafiro que le quedaba por poner. Se repasó una vez más la  línea que le bordeaba el ojo y se pintó, por quinta vez, sus labios color carmín. Todo debía salir perfecto; todo debía estar perfecto.
Los nervios hacia ya una hora que se habían apoderado de ella. No podía ocultar que el escenario le reclamaba y que todas las miradas se posarían sobre ella y sobre su tan delicada voz. Quiso reprimir la lágrima que clamaba miedo pero no pudo. A pesar de todo, era frágil.
Ocultó la única arruga que tenía su vestido y se puso el broche color dorado que le había regalado su madre años atrás. El telón se levantaría en breves minutos y debía salir a escena en cuanto el público la llamase con sus aplausos.
Al subir las estrechas escaleras que conducían al tablón del arte, vio de lejos al pianista que tocaría la pieza con la que ella cantaría. Se trataba de un joven de treinta y dos años, pelo negro y ojos color esperanza, con un porte elegante que derrochaba formalidad aunque con aires de juventud propios de la edad.  Todos le conocían por “el teclas” aunque Celia, la prestigiosa soprano, le conocía como Joaquín, sobre todo en la cama.
La cantante se colocó con la cabeza gacha al lado del piano. Todo estaba preparado para que la pieza sonara en breves momentos. Incluso la luz ya tenía el tenue color mortecino de las noches sombrías.
La tela roja del gran teatro se alzó con lentitud. Celia entonó la primera nota que abría la obra en aquella sala y justo entonces su mirada chocó con los ojos de hierro de su marido. La miraba atento, de forma inquieta y expectante, quizás algo nervioso por el asesinato que estaba a punto de cometer.
Celia notó la tensión que se localizaba en la primera fila del teatro, aunque el público le pedía con su mirada que no dejara de cantar, era su deber, aunque la muerte estuviera tocando en la cara de todos ellos.
Alfonso, el esposo de la soprano, se levantó de su butaca color rojizo y se quedó plantado ante la sorpresa de todo un teatro. Sacó del bolsillo izquierdo de su elegante chaqueta un revolver que sentenciaría su venganza y apuntó, con mano firme a la cantante, a su esposa.  Celia interrumpió su función con un grito aun más agudo que las notas de la partitura. En ese momento, sonó un disparo ensordecedor seguido de los gritos de la multitud.
No sintió nada salvo miedo. No había dolor, no había herida ni tampoco sangre. Entonces se dio cuenta de que el disparo no lo recibió ella, si no su querido amante, “el teclas”. Se encontraba con medio cuerpo sobre su piano, con un disparo en el pecho que lo dejó muerto sobre su instrumento.
Alfonso salió corriendo del teatro dejando a Celia con la voz  apagada y a Joaquín muerto en aquella sala ya vacía. Entonces, justo cuando la soprano comprendió lo que había ocurrido, comenzó su llanto, comenzó a sangrar la herida de su corazón y el dolor de su alma. 


miércoles, 2 de mayo de 2012

El sonido del amor.


Un día atípico del mes dominado por el sol conocí al origen de mi felicidad en el último año. Lo extraño no fue él quien, ni el donde y quizás tampoco lo fue el porqué. Digamos que no hubo nada relevante, nada premeditado ni pensado, nada sentido ni vivido con anterioridad. Fue único, mágico, singular. Fue en una décima de segundo, en un flash veloz que no me permitió parar, en un suspiro fugaz que me dejó sin habla.
Ese momento fue indescriptible, mi mirada chocó con la suya, la música sonaba de fondo y mi corazón iba al compás de aquel baile de locura que brotaba en mi interior. Desde ese  mismo instante querido, supe que sería especial.
Casi un año después, los dos chicos de teatro de barrio han cambiado para formar una sola persona, en un único escenario, en un único sentimiento. Me otorgaste fuerza para dar el paso más importante de mi vida, me regalaste ilusión cuando el desengaño me la había robado, me diste un beso para darme aliento en aquellas noches de verano, de otoño, de invierno, de vida.
Ya los vientos del quinto amanecer venían prediciendo que el mundo conocería una historia de amor fuera de lo común, un cuento de niños que traspasaría la barrera del sexo, las dificultades de la enemiga de la felicidad y sin decir que nada sería fácil, porque no lo ha sido.
Mi amor, el gran amor: Con la lucidez que me puede otorgar un trozo de papel y un bolígrafo te escribo para en primer lugar, decirte que te quiero. La sociedad cada vez oye menos la expresión por excelencia del amor y me parece que es algo importante el dejar constancia de que te amo, por encima de todo.
En segundo lugar quiero expresarte, a mi modo, que eres mi héroe favorito. Eres ese gigante que ha pasado por encima de problemas con espinas, esa persona que a sus 19 años ha tocado la amargura y la tristeza de pleno, ese joven que ha tratado con la guerra del miedo y con la destrucción de la incertidumbre. Pero a pesar de eso, sigue sonriendo como un niño y eso mi amor, solo lo hacen los grandes.
No quiero decirte con esto que todo este hecho, los problemas solo comienzan y la vida solo ha dado sus primeros pasos. Es por eso por lo que mi mayor deseo para ti es que continúes adelante con todo lo que la vida te depare y que sigas teniendo esa fortaleza propia de corazones blindados.
Por último y a modo de despedida quiero que esta sensación de amor que tengo hacia a ti quede plasmada en este blog, porque al fin de cuentas es eso lo que hago, compartir y plasmar emociones. Recuerda que somos diferentes, siempre y a ojos de la sociedad seremos diferentes pero mi compañero, amigo, amor, en la diferencia siempre encontraremos la manera de ser fuertes, felices y valientes.
Atentamente alguien que es alguien por alguien. Alguien que te ama.