sábado, 29 de diciembre de 2012

Cuentos motrices.


Caminar sin un rumbo fijo suele ser una de mis mayores aficiones. Lo veo como un regalo a la mente, un respiro a la cordura que se esfuma para dar paso a esos pensamientos que solemos tener reprimidos. Damos rienda suelta a nuestra imaginación, a nuestras emociones y sensaciones. Pensamos en aquellas contestaciones que nunca dijimos, aquellas lágrimas que nos tragamos, esas sonrisas contenidas por el orgullo, aquellos viejos y empolvados recuerdos que aparcamos en nuestros corazones.
Lógicamente lo extraño no fue eso. Aquella tarde no salí para pensar ni en mí ni en mi entorno, hace ya tiempo que respiro aires renovados, no anclados en la nostalgia, más bien en el dolor. Aquella tarde salí para pensar en esas historias que quedan por descubrir, esas vivencias que aun no han sido contadas, esos cuentos o pesadillas que nos rodean aunque nosotros ni nos percatemos de su existencia.
Y como un niño al que le encanta jugar comencé a imaginar. Por un momento observé todos y cada uno de esos coches que transitaban por las calles de esa ciudad que tanto me ha regalado este año. Después de ver unos cuantos, empecé a imaginar cual sería la historia que encerraban, cual serían los secretos de todos esos conductores que transitaban pensando en todo menos en mí.
Pude ver en un fabuloso mercedes a una señora de avanzada edad, muy bien arreglada, con peinado de peluquería y maquillaje del caro. Nada más mirarle pude ver su extravagante sentimiento de superioridad. Pude ver a una mujer llena y vacía. Llena de dinero, ropa y joyas, vacía de amor, unidad y alegría. Era una importante empresaria a la cual la vida le brindó todo y por el egoísmo se quedó así, sin un abrazo que regalar, sin un beso que dar.
Otro coche bastante más modesto pasó a su lado. Tenía el espejo retrovisor derecho roto, pegado con cinta aislante y una rueda delantera sin tapacubos. El conductor era un hombre, mediana edad, mediana estatura, mediano estilo de vida. Su familia no destacaba por la tranquilidad, desde hacía más de dos años esos cuatro hermanos peleaban por una absurda herencia familiar. Le quedaban dos meses de contrato en aquella frutería de la esquina, después no tenía ni idea de lo que sería de él ni de sus dos hijos. La angustia recorría su cara y parecía conducir con prisas, la misma angustia que para llegar a fin de mes, la misma prisa que para llegar a casa y dar de cenar a sus dos tesoros.
Un poco más tarde pasó otro coche rojo, mejor que el segundo, peor que el primero. Lo conducía una chica joven, no más de 25 años. Era una estudiante de relaciones laborales aunque en sus ratos libres le encantaba ejercer aquel “titulillo” (como llamaba en tono despectivo su madre) de peluquería. Era una chica valiente, luchadora y muy enamoradiza aunque últimamente vivía unos tiempos muy desencantados. Por su cabeza rondaba la idea de marchar, de irse de su hogar para encontrar ese trabajo que aquí no lograría. No dormía pensando por las noches en todo lo que dejaría atrás, sus amigos, su novio, su familia. Era la injusticia que asola nuestra vida, el drama de una juventud sin esperanza, sin sueños.
El último coche al que dirigí mis pensamientos aquella tarde fue un todo-terreno  Lo conducía una señora de unos 40 años, pelo oscuro y ondulado. Su expresión no dejó lugar a ninguna duda, era el símbolo de la lucha hecho persona. Sus ojos lagrimeaban, había visto a ese hombre en aquellas calles de la vieja Vegueta, las mismas calles donde años atrás fue abandonada por el señor al que le cuesta llamar papá. Aunque aparentaba que le había perdonado su corazón jamás borró ni borrará esa herida. A pesar de ello, Estela en cierto modo lo agradecía, de no ser así jamás hubiera conocido a esas maravillosas personas a las que ella sentía como sus verdaderos padres. No contento el destino con esto, hacía poco más de un año había perdido a una de sus hijas en un accidente de tráfico. Definitivamente el mayor tipo de crueldad se había cebado con aquella mujer, aunque ella se empeñó en demostrarse a sí misma que no podrían con ella, no había nacido para darse por vencida.
De repente volví en mí cuando ya me encontraba bastante lejos de mi lugar de origen. Aquellos pensamientos sobre las hipotéticas e inventadas vidas me habían llevado más de 20 minutos de camino. Para mi sorpresa me encontraba delante de un espejo de una antigua librería de una conocida calle, una librería que probablemente tendría más años que yo. El espejo me devolvió el reflejo de otra historia, de otras vivencias tan ciertas e irreales como las de aquellos coches, historias dignas de ser vividas, de ser contadas. 

domingo, 11 de noviembre de 2012

Delirios


Lo siento, es algo tan grande como la propia naturaleza humana. Es el éxito configurado, la fama de una personalidad, la gloria de una versión olvidada de mí mismo.
Ya perdí la cuenta de los cigarrillos que aspirado, de las malas noches, de las botellas de ese alcohol que sabe a madera vieja. No sé la cantidad de éxtasis que encontrarían en mi sangre. Sinceramente no recuerdo ni nombre. Ese nombre que otros muchos si pronuncian, ese nombre que me ha enseñado la mejor cara de la vida, ese nombre que me ha mostrado el lado más amargo del camino.
Mis pequeños delirios han sido mis más profundas enfermedades. La locura ha hecho de mis días una aventura difícil de entender, en un mismo paso suelo ganar y perder. Quieren mi horror, mis miedos y mi sentido del humor. Carecen de criterios de autodeterminación, pues en mis debilidades encontrarán sus más terribles perdiciones.
Porque pudo conmigo, podrá con ellos. Es el límite, es la gravedad, es el crimen de un hombre atado, la barbarie de una sociedad con miedos la que terminará por destruir todo lo que un día ella misma forjó. Y es que estimados amantes de la cordura, las grandes historias también se hicieron para contar los grandes fracasos, un fracaso tan real como doloroso, un fracaso tan cierto como mi propia vida.
En algún momento el filo de amargura terminará por tumbarme, no podré responder por la sumisión de mis días en esa oscuridad a la que siempre he retado. El servicio de un hombre al mundo puede aportar maravillas o desgracias, yo ya decidí mi camino. Querida perdición, cada día te quiero un poco más.
Y no me arrepiento, mi decisión ha sido solo mía. Siento quitarte el protagonismo al que estas acostumbrado para decirte que no vales nada, que has sido un olvidado cero a la izquierda. Y me gustaría achacarte todas y cada una de mis desgracias, me encantaría gritarle al mundo lo cobarde que has sido. Pero en esta ocasión, no es el veneno de tus labios lo que tortura, es otro tipo de amargura.
Quiero el mundo, lo quiero todo. Y por querer tanto me dejaron de querer hasta el punto de querer no querer, hasta el punto de implorar querer.
Confesiones compartidas de un perturbado, de un hombre al cual el aire no le basta para respirar. 

sábado, 20 de octubre de 2012

A golpe de ron


Han pasado meses desde aquel fatídico día que cambio nuestras vidas. Han pasado muchas lágrimas desde entonces. Querida Rebeca, han pasado siglos sin verte.
Tengo que reconocer que no estaba preparado para enfrentarme yo solo a esto. No me sentía capaz de echar a volar sin tu mano, de caminar sin tu apoyo, de reír sin tu sonrisa o de llorar sin tu hombro. No entiendo cómo te marchaste sin decirme nada, no comprendo cómo tu partida resultó tan efímera, casi inexistente.
Estimada Rebeca, te di mi todo. Cuando me mirabas sentía plenitud, abrigo y amor. Ese amor que solo tú me has dado, ese cariño que hasta en los peores momentos siempre se hacía notar. Eras esa persona por la que brillaban mis ojos, esa luz que iluminaba mis miedos para vencerlos, ese roble que me daba sombra y ese soplo de aire fresco cuando sentía asfixia.
No entiendo que nos pasó. No sé si fue la culpa, el castigo. Tal vez fue el error de un joven loco enamorado de cada rincón de tu ser, de tu olor, de tu sabor. Quizás fueron las mentiras de un pasado bucanero, de una guerra de fuerzas en la que no dominó la razón. Pero a pesar de ello, yo estuve ahí.
No te guardo rencor. Todo lo contrario, te amo cada día un poco más. Es esta enfermedad que me desquicia la que me hace quererte cada segundo, cada suspiro un poco más. Y no es de extrañar, un amor como el que nos arropó no se puede olvidar a simple golpe de ron. Sería toda una cobardía engañar a mi razón cuando el único motivo que tiene este viejo corazón para seguir latiendo es verte una vez más. Porque eres el primer pensamiento de mis mañanas y el ultimo recuerdo de mis noches.
Oigo las llaves de casa abrir la puerta de nuestro salón. No sé si será el sabor de un amargo final que viene a buscarme para no volver, si será la derrota que viene a dejarme mi mayor fracaso o la locura, que ya viene tocando en mi puerta desde que tú no estás.
Amada Rebeca, gracias por venir. 

lunes, 8 de octubre de 2012

En el último suspiro.


Oigo los cantos del peligro acercarse. Siento tu respiración en mí nunca. Ambos sabemos que pronto llegará. Ambos sabemos que serás tú o seré yo.
No pienso rendirme, eso no se hizo para personas como yo. Siento decirte que emplearé todos mis recursos, todo lo que esté en mis manos.
Esto parece el final que siempre deseaste, el colofón de una historia fragmentada por el rencor. Siempre supe que tú tampoco abandonarías esta lucha que nos está costando la vida, este enfrentamiento que nos ahoga un poco más cada día. Soy digno de ti, eres digno de mí.
Cuando las luces se apaguen y el silencio se apodere de nosotros será ese el instante el que todo acabe, con la destrucción que ambos hemos cultivado. Y aunque consciente de todo ello, no hay vuelta atrás. No quiero volver atrás.
El elemento que un día nos unió es lo que causará nuestra muerte, pero una vez más, lo haremos juntos.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Sin valor.


No tengo una historia que contar. No tengo ese sentimiento que tanto me atrapó. Carezco de todas las ganas por impulsar algo muerto, algo incierto y apagado.
No se trata de buscar culpables, probablemente no los haya. Tampoco consiste en desprestigiar nuestros recuerdos ni nuestras vivencias, de ellas aprendí y logre sacar a flote parte de mi personalidad. Pero las cosas mueren, se marchitan y caen en el olvido.  El círculo me asfixió, el desinterés me agotó y la incertidumbre propició que tirara la toalla. Contra todo pronóstico, lo que un día llegó a ser mi salvación hoy me quita vida. Porque incluso las piedras más duras terminan cediendo.
La vida se ha encargado de echar tierra de por medio, de cerrar esas heridas que tanto han dolido y de poner distancia y olvido. Aunque tu recuerdo me golpea de manera permanente, aunque aún escucho tu voz, aunque aun siento tus abrazos y tus palabras… No quiero seguir caminando de la misma manera, no seguiré con algo que me roba.
Sé que eres una persona sensata, una persona crítica y fiel a sus principios. Por eso te pido que entiendas que es inútil por ambas partes luchar por algo que no nos aporta nada, por algo que ha ido muriendo con el paso del tiempo. Y también quiero que sepas que no fui yo el que comenzó esto aunque admito que lo alimenté. Siendo un poco egoísta, creo que mi único error ha sido el no tener el valor para terminar con esto antes. Porque el daño no lo he causado yo.
Esta es una de esas despedidas que nunca tuve, es un paréntesis en nuestros caminos, es un final para dar paso a un nuevo comienzo, sin ti. No sé si mi elección es la correcta, no sé si las consecuencias serán las esperadas al igual que tampoco sé si me arrepentiré en un futuro. Pero supongo que esto es la vida, elección, cambio y superación. Espero que sientas lo que siento, espero que comprendas y aprendas de nuestros errores.
 Esto se acaba aquí. 

jueves, 6 de septiembre de 2012

La flaca.


Nuestra historia no comenzó de la mejor manera posible. Recuerdo con claridad que me declaré a ti como todo un galán, con la inocencia de un niño. No sé si seria por el exceso de tiza en polvo espirado o por el calor que todavía hacia en ese septiembre, pero el caso es que en esa maravillosa clase de matemáticas me dijiste que tu también “me querías”. Tanto duró nuestro amor que en plástica me dijiste que ya se había acabado y que lo nuestro era imposible.

Mi corazón, que por aquel entonces tendría el tamaño de una papa pocha, quedó destrozado. Pero tranquila, no te sientas culpable, desde que soy gay lo he superado. Haciendo memoria, llegaste a romperme el corazón más de una vez. Aquella vez que empezaste a salir con mi mejor amigo (una traición imperdonable), aquella vez que no te deje sentarte en medio de Bea y de mí en sociales (todo un drama), aquella otra que te di tu regalo de cumpleaños antes de la fecha por qué me era imposible verte del dolor que sentía… en fin.

El caso es que poco sabrían aquellos mocosos, seis años después, de lo que sería de nosotros y de nuestra larguísima historia de amor. Sabes, contigo me pasa algo que no me pasa con ninguna otra persona. Tengo ganas de protegerte, de que no te pase nada malo y de que la vida solo te traiga lo mejor que te pueda ofrecer.
En unos pocos días estaremos a muchos kilómetros de distancia y ya no estarás ahí para abrazarme cuando lo necesito. Ya no estarás para darme la mano cuando siento que no tengo fuerzas, ya no estarás para decirme esas tonterías que solo tú me dices. Se abre una etapa nueva de tu vida lejos de aquí, pero que estoy seguro que será una de tus mayores aventuras. Sería imposible expresarte lo mucho que has hecho por mí todos estos años, pero puedo decirte con la mano en el corazón, que parte de mi vida te la debo.
Quiero que sepas que para mí eres una de esas personas que me ha enseñado mucho de la vida. 

Me ha enseñado a reír, a pasarlo bien, a olvidar los problemas, a bailar con las alegrías y a convivir con las penas. Me has enseñado que un nada puede ser un todo, que un vacío puede significar un completo y que el vaso siempre está medio lleno.  Que las alegrías a medias pueden ser plenas, que en la lentitud existe lo tenaz y que en la rapidez hay energía. Que las noches pueden ser abrasadoras y los días muy fríos, que la altitud no siempre es sinónimo de triunfar y que caer no siempre significa perder.

Ya ni sabría cómo definirte. Eres el cambio hecho persona, lo inesperado. Eres una de esas chicas que se adaptan a las dificultades y las supera sin miedos, una de esas mujeres que tiene claro su objetivo, que sabe reaccionar ante lo inestable y que pelea por alcanzar la felicidad.
 Nuestra amistad nos ha dado momentos que quedarán para siempre grabados en nuestros corazones. Nos ha regalado un libro en el que hemos ido colocando cada letra con cautela pero con el mayor cariño que dos personas pueden tenerse. Y estoy seguro, también nos ha regalado vida.

Amiga, siempre te llevaré conmigo. Da igual el tiempo que pase hasta volver a verte (espero que no mucho porque te rajo como a una caballa), da igual la distancia que nos separe, da igual que hagamos nuevos amigos, nuevas vidas, da igual que crezcamos, que evolucionemos como personas… Siempre podrás contar conmigo, con tu “premo” favorito.
Ya por último me gustaría que sonrieras y pensaras en ese futuro prometedor que te espera por delante. Piensa que todo es temporal, que la vida cambia y que los sueños siempre seguirán. Siente que estoy contigo, a tu lado en todo momento. Cree que cuando te vuelva a ver te asfixiaré del abrazo que te daré.
Nunca desistas en el intento de lograr que tu vida sea increíble. Nunca caigas ante la ordenanza del miedo y demuéstrale, como hasta ahora, que contigo no podrá. Nunca permitas que otros te digan ni un ápice de cómo debes encaminar tu destino. Nunca apagues esa sonrisa que tanta falta me ha hecho. Nunca llores sin aprender de tus lágrimas. Nunca olvides que siempre te querré mi flaca. 

martes, 14 de agosto de 2012

Maneras y elecciones.


Hola, me llamo Alejandro y sí, soy gay, homosexual o “maricón”, como prefiráis llamarlo. Normalmente no suelo alardear de nada que tenga que ver con mi vida privada al igual que odio las etiquetas sociales que tanto daño han hecho.
El motivo de una presentación tan directa e impertinente es sencillo, es cuestión de eliminar el miedo a llamar a las cosas por su nombre. También tengo que confesar que posee una segunda intención más sencilla que la anterior. Demostrar que la libertad es un derecho y no un tabú del que tenga que avergonzarme.
Hoy puedo decir con la cabeza bien alta que me alegro de ser quien soy  y como soy. Hoy me gustaría decir con la cabeza bien alta que la sociedad me acepta. Todo gira en torno a la hipocresía y la puñetera costumbre de mostrar una cara amable a algo que a mucha gente le produce autentico asco. Aunque amigos, más asco da no poder ser feliz por no tolerar, por no aceptar que otros sean distintos o por rechazar lo que da miedo.
Ya desde muy pequeño tuve que soportar las bromas infantiles, las miradas indiscretas de esas personas que no entendían mi elección, los comentarios en voz baja de gente cobarde o incluso la vergüenza que otros me hicieron cargar. Pero, no puedo decir que he estado solo en todo esto, porque sería injusto al igual que mentira. Mis verdaderos amigos, mi familia… mil gracias.
Pero dejando individualismos aparte, quiero lanzar un mensaje o quizá el único mensaje que cabe en estas palabras. Esta dirigido a esa parte de la sociedad que nos repudia, que nos odia y que nos insulta. A esas personas orgullosas de vulnerar la libertad de actuación, a esas otras que promulgan el amor al prójimo hasta que me acuesto con ellos… soy feliz, y eso es algo que muchos de vosotros no podéis decir.  Dejad de matar el amor, independientemente del sexo que lleve y preocuparos por buscar un motivo más alentador en vuestras vidas que el de joder a los demás.
La tolerancia se hizo para usarla, no para pintarla. 

viernes, 3 de agosto de 2012

"Depender o morir"


Reconozco que no son sentimientos muy buenos los que me inspiran para escribir estas palabras. No son sentimientos de los que me sienta orgulloso, al igual que tampoco son sentimientos que yo provoco. La dependencia es uno de los mayores errores de la vida, y vosotros habéis cometido ese fallo propio de ignorantes infinidad de veces.  No me malinterpretéis, la ignorancia no la uso como un descalificativo en este caso si no como un arma tremendamente peligrosa que os ha ido matando lentamente, sin saberlo pero con precisión.
Bajo mi punto de vista (siempre), habéis hecho de vuestra vida un círculo vicioso de compañía que no os ha dejado más remedio que abandonar y descuidar lo que se presentaba a vuestro alrededor. Porque en la vida se toman decisiones y esas decisiones siempre traen consecuencias y costes. Unos costes desproporcionados quizás, pero es lo que se consigue al trabajar la exclusión.
Sinceramente, jamás podré entender vuestra actitud. No os condeno ni os juzgo por ello porque yo soy el primero que ha cometido, que sigue cometiendo y que seguirá teniendo errores. Pero eso no quita que como persona opine y mi opinión es clara. De los errores debemos aprender, pero vosotros de este error no habéis aprendido absolutamente nada.
Ya esto se acaba y con ello mis esperanzas para ver un cambio. Espero que no os arrepintáis de vivir como lo habéis hecho, porque sin querer habéis hecho daño y no solo a mí. Como os decía antes, las decisiones tienen consecuencias, consecuencias tan negativas como la mismísima soledad.

jueves, 19 de julio de 2012

Manos arriba, esto es un atraco.


Lo peor de todo es que te llenas la boca al decir que la democracia es real y que la libertad está garantizada. No pasa un solo día en el que no me sienta más esclavo de tus recortes, de tus medidas de austeridad, de tus falsas esperanzas y de tu asquerosa democracia. Porque no somos libres.  Mi vida ha tenido la duración suficiente para ver a personas indeseables, a seres sin corazón pero lo que siento al verte a ti se escapa de mi entendimiento.
No soporto ver cómo me mientes en la cara, no aguanto un insulto más, no tolero ver como engañas y haces sufrir a los que menos tienen. Desde que aquí y para ti, eres un ser despreciable.
No es tu mujer la que cobra un subsidio de desempleo, tampoco son tus hijos los que estudian una carrera para terminar trabajando sirviendo copas (los que tienen suerte). Tampoco es tu madre la que tiene que trasladarse a otros hospitales por enfermedad ni tampoco tu padre al que le aumentan las horas de trabajo por menos dinero. Eres un sinvergüenza.
Aunque claro, tampoco cabe esperar nada más de “un pueblo que os ha elegido para gobernar”. Todos querían un cambio, todos pedían que esto se solucionara de una vez. Queridos españoles, esto solo acaba de comenzar.
Porque quiero darte la enhorabuena por haber llegado a la Moncloa que tanto querías, porque quiero felicitarte por haber protagonizado la mayor oleada de recortes de nuestra historia y al igual que también quiero agradecerte que “nos estés sacando de una crisis” no importando a qué precio. Porque créeme, nada es gratis.
Eso sí, los recortes que sirvan para recortar la esperanza de la gente, la ilusión de una juventud muerta en su país, la sonrisa de enfermos, la alegría de los parados y la felicidad de un país. Porque nos puede faltar educación, nos puede faltar sanidad y medicamentos, nos puede faltar una casa, nos pueden faltar becas, luz o sencillamente el pan… Eso sí, que en España y en tu gobierno no falten ni políticos ni iglesias, ellos nos sacarán de la crisis.

Atentamente, un joven más, un indignado más. 

sábado, 30 de junio de 2012

Amistad olímpica.



Momentos como los vividos en los últimos tres días son por los que merece la pena vivir. Personas como las que conocí en ese periodo tan efímero de tiempo, son por las que merece la pena sonreír. Como ya he dicho en anteriores publicaciones, mi vida ha sido corta pero tremendamente intensa. He vivido de manera imparable y cambiante, de manera que ninguno de mis días ha sido parecido al anterior, de manera innovadora e incluso aventurera. Pero señores, esta vida no deja de sorpréndeme.
Hace poco más de un mes, un señor de voz arrolladora me llamó para comunicarme que había sido seleccionado para representar a canarias en las olimpiadas nacionales de economía. Mi alegría no pudo ser mayor, aunque por aquel entonces poco imaginaba acerca de la tremenda experiencia que me esperaba.
El día de viajar hacia Albacete se acercó y con él unos nervios un tanto curiosos. No por el examen de la fase nacional ni tampoco por una clasificación muy poco probable, si no por las personas que allí me encontraría. Después de estos tres día sonrío al pensar lo gran ignorante que era, al no saber ni por asomo lo que la vida me tenía preparado.
Queridos lectores, tengo que reconocer que no me alcé con el título de los diez mejores “economistas” de España (Mi compañero Miguel sí, y desde aquí le felicito), aunque entré en otra clasificación mucho mejor.  No obtuve los 1.200 euros de premio para los clasificados, aunque el que yo me llevo es de valor incalculable. La amistad es algo que no tiene precio.
Itzíar, Miguel, Juan, Nacho, Tamara, Cristina, Cecilia, Angel’s… son solo algunos de los nombres que compusieron una de las mejores experiencias de mi vida. Muchas gracias por haber hecho que mi paso por esa ciudad un tanto triste fuera inolvidable, por hacerme reír hasta reventar, por haberme mantenido en vela a las cuatro y media de la mañana con historias propias de películas, por haberme hecho sentir especial.
Ya lo decía Richard Bach “Nuestra amistad no depende de cosas como el espacio o el tiempo”.  No importa la distancia, no importa el tiempo que pase hasta volver a verles (cosa de la que estoy seguro), siempre les recordaré como esas personas que hicieron que disfrutara tres días como si fueran toda una vida. Mil gracias de una persona que les recuerda con el mayor cariño que se puede recordar a alguien. Mil gracias de vuestro amigo, “el canario”. Les quiero.

martes, 29 de mayo de 2012

Puñado de capullos.

Siempre he odiado los finales tristes. No soporto esa sensación de melancolía cuando el "Titanic" se hunde,  cuando la joven del "Mouling Rouge" muere de tuberculosis o incluso cuando ET regresa a su planeta. Es algo que puede conmigo y que despierta mi salvaje instinto de crítica. No os asustéis, no es nada nuevo ni nada raro en mí. Existen gays poco sensibles.
Es por eso por lo que no pretendo dar a estas palabras un aire de melancolía ni de ningún sentimiento parecido. No quiero que esto se traduzca como esa película  "PD: Te quiero" ni mucho menos, si no todo lo contrario, como unas palabras de agradecimiento y de orgullo para todas esas pequeñas personitas que han marcado una  pequeña huella en mi corazón. 
Otro aspecto fundamental en mí, es que odio los tópicos por lo que me odiaría durante cien reencarnaciones si empezara diciendo "en primer lugar, me gustaría agradecer...". Me produce tal sensación de vomitar arco iris que me cuesta hasta tragar. Por eso, y basándome en estos aspectos fundamentales ( y de poco interés común) de mi vida comenzaré a escribir lo que mi bolígrafo mordisqueado y mi corazón me dicten. 
Sois los grandes de la amistad. Esas personas maravillosas que entraron en mi vida de manera silenciosa pero con el propósito de quedarse. Esos valientes que han sabido levantarse y levantar a todos. Esos sinvergüenzas a los que quiero a más no poder. 
No mentiría si dijera que esta amistad que nos ha unido de esa manera tan especial y entrañable pronto cambiará. No es nada nuevo el hecho de que pronto nuestras vidas cerrarán un círculo, que nuestras prioridades cambiarán y con ellas nuestras compañías. Eso ni es novedoso ni mentira, pero si es un hecho. 
La cuestión ya no es el grado con el que cambien los acontecimientos, si no aquella parte que permanezca intacta con el trascurrir de los años. No importa que conozcamos nuevas personas, nuevas visiones, nuevas experiencias. Las vividas siempre las llevaremos en el corazón y en la memoria, por que estos años hemos aprendido lo bonito que puede ser querer y ser querido. Ser y tener un amigo. 
Por todo ello, solo quiero que sepáis que siempre os llevaré en mi mochila, que siempre os tendré conmigo aunque no pueda verles y que siempre les recordaré como aquellos maestros y alumnos de la vida. Por que todos nos hemos enseñado. Por que de todos he aprendido. 
¿He mencionado que odio los finales tristes? Os quiero, puñado de capullos. 


miércoles, 16 de mayo de 2012

Y así vamos...


Es criminal, abusivo, injusto e inhumano. No entiendo en que tiempos vivimos, si en aquellos donde los “politicuchos” hacen del mundo algo pequeño o aquellos donde los grandes, la sociedad en su conjunto, duerme de manera profunda.
Entiendo que existe una crisis económica generada por una panda de inútiles, entiendo que nuestros días son cada vez más pobres o que la situación de desesperación solo aumenta con el paso del tiempo e incluso puedo llegar a entender que nuestro “querido” gobierno prefiera apostar por la austeridad antes que por el crecimiento. Ahora, de la austeridad a la injusticia hay una brecha enorme que distingue y deja ver el color de mierda que lleva nuestro país.
Subida de tasas universitarias, recorte de personal docente, subida de impuestos, recorte de becas, recorte en sanidad, inmigrantes desatendidos, reforma laboral digna de animales, supresión de las ayudas al desempleo… ¿Le queda algo por hacer? ¿Algún insulto más? ¿Algún otro atropello? A sí, me olvidaba. Nuestra santa sede, nuestros curas y nuestra religión que no pasen hambre por dios, a ellos ni un céntimo de recortes. Cuando tengas hambre, siempre te quedará la fe.
Y nosotros, fieles seguidores de nuestra bandera, aunque compartamos un huevo frito entre tres (ya lo dice el dicho) nos sentamos a esperar a que la situación cambie. Nos conformamos con la excusa de que “es necesario” que nos recorten hasta las vocales de nuestros nombres, nos quedamos mirando cómo se pasan por el forro de sus partes nobles los derechos por los que han luchado generaciones y generaciones. Nos alienta pensar que la austeridad nos salvará, cuando esto solo puede ir a peor.
Pensaba que vivía en un país diferente. Imaginaba que nosotros reaccionaríamos ante una oleada de injusticia como la que vivimos y que nos alzaríamos con un grito ensordecedor ante aquellos que piensen que somos peones de sus planes. Pero nada más lejos de la realidad, esperamos pacientes a que nos atraquen plácidamente, a que nos roben sin contemplaciones.
Hoy, la dueña de Europa y la mejor amiga de los recortes, Angela Merkel, ha anunciado que ella y su séquito se suben el sueldo un 5,7%. A eso lo llamo yo austeridad en su pleno significado.

lunes, 7 de mayo de 2012

La soprano.


La señora soprano se colocó el pendiente de zafiro que le quedaba por poner. Se repasó una vez más la  línea que le bordeaba el ojo y se pintó, por quinta vez, sus labios color carmín. Todo debía salir perfecto; todo debía estar perfecto.
Los nervios hacia ya una hora que se habían apoderado de ella. No podía ocultar que el escenario le reclamaba y que todas las miradas se posarían sobre ella y sobre su tan delicada voz. Quiso reprimir la lágrima que clamaba miedo pero no pudo. A pesar de todo, era frágil.
Ocultó la única arruga que tenía su vestido y se puso el broche color dorado que le había regalado su madre años atrás. El telón se levantaría en breves minutos y debía salir a escena en cuanto el público la llamase con sus aplausos.
Al subir las estrechas escaleras que conducían al tablón del arte, vio de lejos al pianista que tocaría la pieza con la que ella cantaría. Se trataba de un joven de treinta y dos años, pelo negro y ojos color esperanza, con un porte elegante que derrochaba formalidad aunque con aires de juventud propios de la edad.  Todos le conocían por “el teclas” aunque Celia, la prestigiosa soprano, le conocía como Joaquín, sobre todo en la cama.
La cantante se colocó con la cabeza gacha al lado del piano. Todo estaba preparado para que la pieza sonara en breves momentos. Incluso la luz ya tenía el tenue color mortecino de las noches sombrías.
La tela roja del gran teatro se alzó con lentitud. Celia entonó la primera nota que abría la obra en aquella sala y justo entonces su mirada chocó con los ojos de hierro de su marido. La miraba atento, de forma inquieta y expectante, quizás algo nervioso por el asesinato que estaba a punto de cometer.
Celia notó la tensión que se localizaba en la primera fila del teatro, aunque el público le pedía con su mirada que no dejara de cantar, era su deber, aunque la muerte estuviera tocando en la cara de todos ellos.
Alfonso, el esposo de la soprano, se levantó de su butaca color rojizo y se quedó plantado ante la sorpresa de todo un teatro. Sacó del bolsillo izquierdo de su elegante chaqueta un revolver que sentenciaría su venganza y apuntó, con mano firme a la cantante, a su esposa.  Celia interrumpió su función con un grito aun más agudo que las notas de la partitura. En ese momento, sonó un disparo ensordecedor seguido de los gritos de la multitud.
No sintió nada salvo miedo. No había dolor, no había herida ni tampoco sangre. Entonces se dio cuenta de que el disparo no lo recibió ella, si no su querido amante, “el teclas”. Se encontraba con medio cuerpo sobre su piano, con un disparo en el pecho que lo dejó muerto sobre su instrumento.
Alfonso salió corriendo del teatro dejando a Celia con la voz  apagada y a Joaquín muerto en aquella sala ya vacía. Entonces, justo cuando la soprano comprendió lo que había ocurrido, comenzó su llanto, comenzó a sangrar la herida de su corazón y el dolor de su alma. 


miércoles, 2 de mayo de 2012

El sonido del amor.


Un día atípico del mes dominado por el sol conocí al origen de mi felicidad en el último año. Lo extraño no fue él quien, ni el donde y quizás tampoco lo fue el porqué. Digamos que no hubo nada relevante, nada premeditado ni pensado, nada sentido ni vivido con anterioridad. Fue único, mágico, singular. Fue en una décima de segundo, en un flash veloz que no me permitió parar, en un suspiro fugaz que me dejó sin habla.
Ese momento fue indescriptible, mi mirada chocó con la suya, la música sonaba de fondo y mi corazón iba al compás de aquel baile de locura que brotaba en mi interior. Desde ese  mismo instante querido, supe que sería especial.
Casi un año después, los dos chicos de teatro de barrio han cambiado para formar una sola persona, en un único escenario, en un único sentimiento. Me otorgaste fuerza para dar el paso más importante de mi vida, me regalaste ilusión cuando el desengaño me la había robado, me diste un beso para darme aliento en aquellas noches de verano, de otoño, de invierno, de vida.
Ya los vientos del quinto amanecer venían prediciendo que el mundo conocería una historia de amor fuera de lo común, un cuento de niños que traspasaría la barrera del sexo, las dificultades de la enemiga de la felicidad y sin decir que nada sería fácil, porque no lo ha sido.
Mi amor, el gran amor: Con la lucidez que me puede otorgar un trozo de papel y un bolígrafo te escribo para en primer lugar, decirte que te quiero. La sociedad cada vez oye menos la expresión por excelencia del amor y me parece que es algo importante el dejar constancia de que te amo, por encima de todo.
En segundo lugar quiero expresarte, a mi modo, que eres mi héroe favorito. Eres ese gigante que ha pasado por encima de problemas con espinas, esa persona que a sus 19 años ha tocado la amargura y la tristeza de pleno, ese joven que ha tratado con la guerra del miedo y con la destrucción de la incertidumbre. Pero a pesar de eso, sigue sonriendo como un niño y eso mi amor, solo lo hacen los grandes.
No quiero decirte con esto que todo este hecho, los problemas solo comienzan y la vida solo ha dado sus primeros pasos. Es por eso por lo que mi mayor deseo para ti es que continúes adelante con todo lo que la vida te depare y que sigas teniendo esa fortaleza propia de corazones blindados.
Por último y a modo de despedida quiero que esta sensación de amor que tengo hacia a ti quede plasmada en este blog, porque al fin de cuentas es eso lo que hago, compartir y plasmar emociones. Recuerda que somos diferentes, siempre y a ojos de la sociedad seremos diferentes pero mi compañero, amigo, amor, en la diferencia siempre encontraremos la manera de ser fuertes, felices y valientes.
Atentamente alguien que es alguien por alguien. Alguien que te ama.


viernes, 13 de abril de 2012

Heladas de guerra.

Todo comenzó una mala mañana de un mal año que aun puedo recordar. El destino quiso colocarme una zancadilla más y ponerme otra de esas duras pruebas, esas que solo superamos con fuerza procedente de lugares escondidos hasta que llegan las situaciones difíciles.

Una lista a la que odiaré por el resto de mi vida decidió que era el año de partir hacia una instrucción militar que me condenaba en todos los sentidos en los que se puede condenar a una persona. Condenaba mi libertad, mi amor e incluso mi paternidad. Fue indescriptible verme sentenciado a los 25 años.

Mi nombre figuraba más o menos a mitad del papel de la blanca muerte. Ernesto Martínez Figueroa era mi nombre, era el nombre que reclamaba la patria para que fuera a servirle.

Una vez que pude recomponerme de aquella terrible noticia, mi cuerpo comenzó a andar tembloroso hacia el salón. Allí se encontraban los dos grandes amores de mi vida, las dos personas por las que seguía siendo persona y las dos personas por las que cambie hasta la forma de hablar.

Carolina, la persona con la que compartía sexo, amor y un hijo maravilloso, me miró con el dibujo de la tristeza y la desesperación puesto en su cara. Comprendió, sin decirnos palabras, que la carta con el sello del gobierno que llevaba bajo el brazo nos imponía una separación inmediata. La guerra no esperaba y mañana mismo salía el avión que me llevaba al frente, mañana mismo empezaría el capítulo más difícil de toda mi vida…

miércoles, 11 de abril de 2012

Atípica.

Giulietta poseía unos talentos especiales. No era una gran deportista, tampoco dibujaba especialmente bien y no destacaba por sus dotes de canto. Era una chica sencilla, con una rutina sencilla y con unos dones especiales como el de escribir y captar.
Escribir porque transmitía magia propia de los cuentos de hadas, te hacía soñar con el simple aliento de las palabras que colocadas y usadas correctamente creaban los más perfectos y dulces mundos que jamás hayamos conocido. En otras palabras, regalaba imaginación.
La segunda habilidad que la hacia brillar nacía de la primera, puesto que escribir le hacia libre para pensar y esa pequeña parte que quedaba virgen y desatada de monseñor ignorancia era la que la convertía en la mejor captadora de sueños, personas y felicidad.
Una mañana parecida a la de hoy, tuve la grata sorpresa de poder leer una pequeña obra escrita por la chica de los recuerdos enfrascados y sobre todo ordenados.
Mi primera sensación fue de sorpresa y pánico al sentir aquella narración como parte de su realidad; no me equivoqué demasiado.
La captadora tenía la capacidad de volver realidad lo que sus letras contaban y esa mañana lo descubrí.
Justo después de leer el crudo relato, mis ojos se encontraron con la atípica muchacha que escribía atípicos relatos y entonces comprendí que su vida no había sido fácil.
Comprendí que lo que contaba no solo era parte de su realidad si no parte de un mundo que un sueña. Era el reflejo fiel de muchos casos de amores imposibles por mera inexistencia, los muchos cuentos que se quedaban sin escribir o las muchas esperanzas que quedan dominadas por el miedo.
Desde entonces, la chica poco usual o por que no "rara" que se sentaba delante de mi todas las mañanas como las de hoy, pasó a ser una de las personas que más respeto por su grandeza y una a las que admiro profundamente por saber captar realidad y hacerla ficción.
Siempre a tus pies.

domingo, 1 de abril de 2012

Roban libertad.

Hoy ha sido un día especial en todos los sentidos. He despertado junto a la persona que amo, he pasado tiempo con esos grandes señores amigos que tengo la suerte de tener y espero una visita un tanto peculiar. Lo curioso del día vino marcado no por todas estas cosas especiales y sin duda alguna únicas y propias de una persona afortunada si no por un viaje en transporte público que una vez más me hizo reflexionar, y el mero acto de pensar poco después se tradujo en escribir.

Para volver, cogí la guagua como de costumbre. Nada nuevo ni sorprendente (en ocasiones lo es) hasta que reparé en una conversación que estaba teniendo lugar justo delante de mi asiento. Una muchacha de no más de 25 años y de aspecto algo más envejecido relataba una historia un tanto cruda y por qué no, dura.

Contaba que su novio había ingresado en prisión hacia cosa de dos años por un atraco. No quiso dar detalles ya que lo contaba a un compañero que conocía de ese mismo trayecto, es decir, le conocía más o menos lo mismo que a mí. Entre lágrimas ya repetidas en anteriores ocasiones, le contaba que tenía una niña de dos años a la que su padre no había conocido y que como cada domingo más se dirigía a prisión, a ver al hombre que le había regalado el ser madre, al hombre al que ella amaba. También contó en un estado un tanto más nervioso que no entendía como habían llegado a estar separados por cuatro verjas de metal y que aun faltaba algún tiempo para poder volver a verlo en libertad.

Al pronunciar la palabra que designa la propiedad más fundamental para que la vida sea vida, la muchacha se derrumbó ante mis ojos. No pude evitar que se me formara el incomodo nudo de la garganta que te quema y te hace pequeño y que una lágrima en señal de profunda tristeza resbalara por mi cara.

Él joven encarcelado se encontraba entre rejas, la madre jovial se encontraba sin su amor, yo me encontraba sin habla y el mundo se encuentra con una moral basura.

Cada día que pasa me asombra mi capacidad de decepción por el mundo y el sistema que me rodea. Mi mente no logra entender como castigamos a delincuentes con los mismos castigos que condenamos. No es justo.

La sociedad está haciendo gala de algo hipócrita y bajo de moral. Ya nuestro sistema no trata de ayudar si no de castigar y en lugar de enseñar, ellos mismos cometen los delitos que condenan, roban. Y no roban dinero, roban algo mucho más esencial para vivir. Roban vida, roban libertad.

viernes, 30 de marzo de 2012

Egoístas.

Hoy caminaba tranquilo por las calles del pueblo que me vio nacer. Por esas calles que me vieron reír y llorar, por esos recovecos que conocen hasta mis secretos más íntimos. Caminaba con el ánimo álgido y con una sonrisa como compañera, el motivo para mí era evidente. Pero de pronto, cuando el sol deslumbro mis oscuros ojos y solté alguna lágrima como mecanismo de defensa, reparé en aquella casa que me dio motivos para escribir, una vez más.
No era una casa llamativa en ninguno de sus aspectos. No presentaba dosis de grandeza, ni mucho menos de belleza pero ahí estaba, en medio de dos casas más, en una manzana más de un pueblo más. Lo curioso de la situación vino cuando mi mente se empeñó en recordar aquella vieja casa con anterioridad.
Busqué en recuerdos de mi niñez, sería fácil localizar un viejo montón de bloques probablemente construido desde hacia algunas décadas. No encontré nada.
Volví a buscar en recuerdos de mi adolescencia inacabada, sería fácil encontrar un no tan viejo recuerdo que me revelase la claridad que andaba buscando. Volví a encontrar nada, vacío.
En un último esfuerzo por recordar con anterioridad aquella casa que empezaba a inquietarme, mi mente no alcanzó a recordar nada que tuviera que ver con aquella pared pálida con una humilde ventana cerrada y empolvada por el olvido.
Entonces, mi mente entendió lo que pasaba perfectamente. Nunca había reparado en la existencia de aquella casa, mis recuerdos no la recordaban. Comprendí que la raíz del problema no era mi aparente corta memoria, era mi forma de vivir lo que no encajaba.
Había pasado días, semanas y años en este pueblo y no me acordaba de una casa que me había visto crecer. Mi mente empezó a reflexionar. ¿Será que vivo sin fijarme en lo que me rodea? ¿Soy tan egoísta que no me paro a pensar en mi entorno? ¿Puede ser el egocentrismo lo que está mermando la vida del ser humano?
No cabe duda, vivimos sin pensar. La humanidad, ha creado cosas hermosas como el amor o la amistad, pero también ha sido capaz de crear sentimientos tan tristes como la soledad o el egoísmo. Vivimos el día a día, sin prestar atención a nada, sin amar lo que hacemos o sin sufrir nuestros errores.
Hemos hecho del presente un estanco, una parada de ilimitada duración que nos vuelve más pobres y miserables. Porque no importa otra que cosa que el yo, porque no importa nada más que no sea yo. Y así nos va. El mundo con pobreza por el egoísmo, la sociedad inhumana por la adoración al individualismo y la desesperación reinando las calles porque nos cuesta ver más allá que nosotros.
Ya sabios predecían que el pueblo unido jamás será vencido, pero si la unidad falta, faltará todo lo demás.
Atentamente, alguien que da la bienvenida a uno de los tiempos más tristes que el ser humano pueda recordar.

jueves, 29 de marzo de 2012

Cuando se trata de vosotros...

Me sorprende la velocidad con la que cambia el mundo. No soy lo mismo que ayer, no seré lo mismo mañana. De esta manera un tanto caótica se prevé que cambie mi vida en los próximos meses. Me asusta y me aterra.

La vida continúa y con ella continuamos nosotros, de manera fiel y leal aunque dejemos por el camino ciertos privilegios. Sabios dicen que crecer es evolución, aunque también es dejar, abandonar para volver a comenzar.

Son tantos años, tantas cosas que mi mente no alcanza a recordarlas todas pero mi corazón jamás olvidará todo lo que me habéis enseñado. Me han hecho reír, llorar, saltar, gritar, bailar, correr, amar, odiar, cantar, soñar… y todo de manera gratuita (cosa poco abundante en los tiempos que corren). A cambio les he intentado dar lo mejor de mí, en cada momento y en cada segundo aunque a veces no siempre han visto mi mejor faceta. Pero para eso embarcamos juntos hace años en lo que la amistad conlleva, para aprender de vuestra mano a ser una mejor persona. Lo habéis conseguido.

A modo de agradecimiento solo me cabe esperar que después de años, continuemos queriéndonos como hasta ahora lo hemos hecho; juntos. Os quiero.

martes, 27 de marzo de 2012

Como dicen que las primeras impresiones son importantes, comenzaré por una pequeña presentación.
En primer lugar y no pudiendo ser de otro modo, amo escribir. No solo por lo que plasmo o por lo que intento trasmitir (aveces sin éxito) si no porque adoro el arte de enseñar. Me encanta mostrar a las personas esa pequeña parte de mi que solo sale cuando mis manos comienzan a teclear, esa zona escondida celosamente que solo se hace visible en mis mejores y en mis peores momentos. No sé cual es la mejor manera para expresar las cosas al igual que tampoco tengo ni idea de como embellecer un artículo o cuento, simplemente son mis sentimientos los que hablan, independientemente de la tan subjetiva belleza.
Actualmente tengo pareja y en gran medida le debo a él parte de lo que soy. Me anima a que no decaiga en el intento por ser alguien en este mundo tan complejo y volátil y es por esa fuerza por la que me encuentro actualmente escribiendo este intento de diario humano y global.
No puedo garantizar que lo escriba agrade, pero en cualquier caso lo que siempre podré asegurar es que serán mis sensaciones, mis emociones y pensamientos. Serán mis sensaciones compartidas.