sábado, 29 de diciembre de 2012
Cuentos motrices.
domingo, 11 de noviembre de 2012
Delirios
Lo siento, es algo tan grande
como la propia naturaleza humana. Es el éxito configurado, la fama de una
personalidad, la gloria de una versión olvidada de mí mismo. sábado, 20 de octubre de 2012
A golpe de ron
lunes, 8 de octubre de 2012
En el último suspiro.
viernes, 28 de septiembre de 2012
Sin valor.
jueves, 6 de septiembre de 2012
La flaca.
martes, 14 de agosto de 2012
Maneras y elecciones.
viernes, 3 de agosto de 2012
"Depender o morir"
Reconozco que no son sentimientos muy buenos los que me inspiran para escribir estas palabras. No son sentimientos de los que me sienta orgulloso, al igual que tampoco son sentimientos que yo provoco. La dependencia es uno de los mayores errores de la vida, y vosotros habéis cometido ese fallo propio de ignorantes infinidad de veces. No me malinterpretéis, la ignorancia no la uso como un descalificativo en este caso si no como un arma tremendamente peligrosa que os ha ido matando lentamente, sin saberlo pero con precisión.
Bajo mi punto de vista (siempre), habéis hecho de vuestra vida un círculo vicioso de compañía que no os ha dejado más remedio que abandonar y descuidar lo que se presentaba a vuestro alrededor. Porque en la vida se toman decisiones y esas decisiones siempre traen consecuencias y costes. Unos costes desproporcionados quizás, pero es lo que se consigue al trabajar la exclusión.
Sinceramente, jamás podré entender vuestra actitud. No os condeno ni os juzgo por ello porque yo soy el primero que ha cometido, que sigue cometiendo y que seguirá teniendo errores. Pero eso no quita que como persona opine y mi opinión es clara. De los errores debemos aprender, pero vosotros de este error no habéis aprendido absolutamente nada.
Ya esto se acaba y con ello mis esperanzas para ver un cambio. Espero que no os arrepintáis de vivir como lo habéis hecho, porque sin querer habéis hecho daño y no solo a mí. Como os decía antes, las decisiones tienen consecuencias, consecuencias tan negativas como la mismísima soledad.
jueves, 19 de julio de 2012
Manos arriba, esto es un atraco.
sábado, 30 de junio de 2012
Amistad olímpica.

martes, 29 de mayo de 2012
Puñado de capullos.
miércoles, 16 de mayo de 2012
Y así vamos...
lunes, 7 de mayo de 2012
La soprano.
miércoles, 2 de mayo de 2012
El sonido del amor.
viernes, 13 de abril de 2012
Heladas de guerra.
Todo comenzó una mala mañana de un mal año que aun puedo recordar. El destino quiso colocarme una zancadilla más y ponerme otra de esas duras pruebas, esas que solo superamos con fuerza procedente de lugares escondidos hasta que llegan las situaciones difíciles.
Una lista a la que odiaré por el resto de mi vida decidió que era el año de partir hacia una instrucción militar que me condenaba en todos los sentidos en los que se puede condenar a una persona. Condenaba mi libertad, mi amor e incluso mi paternidad. Fue indescriptible verme sentenciado a los 25 años.
Mi nombre figuraba más o menos a mitad del papel de la blanca muerte. Ernesto Martínez Figueroa era mi nombre, era el nombre que reclamaba la patria para que fuera a servirle.
Una vez que pude recomponerme de aquella terrible noticia, mi cuerpo comenzó a andar tembloroso hacia el salón. Allí se encontraban los dos grandes amores de mi vida, las dos personas por las que seguía siendo persona y las dos personas por las que cambie hasta la forma de hablar.
Carolina, la persona con la que compartía sexo, amor y un hijo maravilloso, me miró con el dibujo de la tristeza y la desesperación puesto en su cara. Comprendió, sin decirnos palabras, que la carta con el sello del gobierno que llevaba bajo el brazo nos imponía una separación inmediata. La guerra no esperaba y mañana mismo salía el avión que me llevaba al frente, mañana mismo empezaría el capítulo más difícil de toda mi vida…
miércoles, 11 de abril de 2012
Atípica.
domingo, 1 de abril de 2012
Roban libertad.
Hoy ha sido un día especial en todos los sentidos. He despertado junto a la persona que amo, he pasado tiempo con esos grandes señores amigos que tengo la suerte de tener y espero una visita un tanto peculiar. Lo curioso del día vino marcado no por todas estas cosas especiales y sin duda alguna únicas y propias de una persona afortunada si no por un viaje en transporte público que una vez más me hizo reflexionar, y el mero acto de pensar poco después se tradujo en escribir.
Para volver, cogí la guagua como de costumbre. Nada nuevo ni sorprendente (en ocasiones lo es) hasta que reparé en una conversación que estaba teniendo lugar justo delante de mi asiento. Una muchacha de no más de 25 años y de aspecto algo más envejecido relataba una historia un tanto cruda y por qué no, dura.
Contaba que su novio había ingresado en prisión hacia cosa de dos años por un atraco. No quiso dar detalles ya que lo contaba a un compañero que conocía de ese mismo trayecto, es decir, le conocía más o menos lo mismo que a mí. Entre lágrimas ya repetidas en anteriores ocasiones, le contaba que tenía una niña de dos años a la que su padre no había conocido y que como cada domingo más se dirigía a prisión, a ver al hombre que le había regalado el ser madre, al hombre al que ella amaba. También contó en un estado un tanto más nervioso que no entendía como habían llegado a estar separados por cuatro verjas de metal y que aun faltaba algún tiempo para poder volver a verlo en libertad.
Al pronunciar la palabra que designa la propiedad más fundamental para que la vida sea vida, la muchacha se derrumbó ante mis ojos. No pude evitar que se me formara el incomodo nudo de la garganta que te quema y te hace pequeño y que una lágrima en señal de profunda tristeza resbalara por mi cara.
Él joven encarcelado se encontraba entre rejas, la madre jovial se encontraba sin su amor, yo me encontraba sin habla y el mundo se encuentra con una moral basura.
Cada día que pasa me asombra mi capacidad de decepción por el mundo y el sistema que me rodea. Mi mente no logra entender como castigamos a delincuentes con los mismos castigos que condenamos. No es justo.
La sociedad está haciendo gala de algo hipócrita y bajo de moral. Ya nuestro sistema no trata de ayudar si no de castigar y en lugar de enseñar, ellos mismos cometen los delitos que condenan, roban. Y no roban dinero, roban algo mucho más esencial para vivir. Roban vida, roban libertad.
viernes, 30 de marzo de 2012
Egoístas.
No era una casa llamativa en ninguno de sus aspectos. No presentaba dosis de grandeza, ni mucho menos de belleza pero ahí estaba, en medio de dos casas más, en una manzana más de un pueblo más. Lo curioso de la situación vino cuando mi mente se empeñó en recordar aquella vieja casa con anterioridad.
Busqué en recuerdos de mi niñez, sería fácil localizar un viejo montón de bloques probablemente construido desde hacia algunas décadas. No encontré nada.
Volví a buscar en recuerdos de mi adolescencia inacabada, sería fácil encontrar un no tan viejo recuerdo que me revelase la claridad que andaba buscando. Volví a encontrar nada, vacío.
En un último esfuerzo por recordar con anterioridad aquella casa que empezaba a inquietarme, mi mente no alcanzó a recordar nada que tuviera que ver con aquella pared pálida con una humilde ventana cerrada y empolvada por el olvido.
Entonces, mi mente entendió lo que pasaba perfectamente. Nunca había reparado en la existencia de aquella casa, mis recuerdos no la recordaban. Comprendí que la raíz del problema no era mi aparente corta memoria, era mi forma de vivir lo que no encajaba.
Había pasado días, semanas y años en este pueblo y no me acordaba de una casa que me había visto crecer. Mi mente empezó a reflexionar. ¿Será que vivo sin fijarme en lo que me rodea? ¿Soy tan egoísta que no me paro a pensar en mi entorno? ¿Puede ser el egocentrismo lo que está mermando la vida del ser humano?
No cabe duda, vivimos sin pensar. La humanidad, ha creado cosas hermosas como el amor o la amistad, pero también ha sido capaz de crear sentimientos tan tristes como la soledad o el egoísmo. Vivimos el día a día, sin prestar atención a nada, sin amar lo que hacemos o sin sufrir nuestros errores.
Hemos hecho del presente un estanco, una parada de ilimitada duración que nos vuelve más pobres y miserables. Porque no importa otra que cosa que el yo, porque no importa nada más que no sea yo. Y así nos va. El mundo con pobreza por el egoísmo, la sociedad inhumana por la adoración al individualismo y la desesperación reinando las calles porque nos cuesta ver más allá que nosotros.
Ya sabios predecían que el pueblo unido jamás será vencido, pero si la unidad falta, faltará todo lo demás.
Atentamente, alguien que da la bienvenida a uno de los tiempos más tristes que el ser humano pueda recordar.
jueves, 29 de marzo de 2012
Cuando se trata de vosotros...
Me sorprende la velocidad con la que cambia el mundo. No soy lo mismo que ayer, no seré lo mismo mañana. De esta manera un tanto caótica se prevé que cambie mi vida en los próximos meses. Me asusta y me aterra.
La vida continúa y con ella continuamos nosotros, de manera fiel y leal aunque dejemos por el camino ciertos privilegios. Sabios dicen que crecer es evolución, aunque también es dejar, abandonar para volver a comenzar.
Son tantos años, tantas cosas que mi mente no alcanza a recordarlas todas pero mi corazón jamás olvidará todo lo que me habéis enseñado. Me han hecho reír, llorar, saltar, gritar, bailar, correr, amar, odiar, cantar, soñar… y todo de manera gratuita (cosa poco abundante en los tiempos que corren). A cambio les he intentado dar lo mejor de mí, en cada momento y en cada segundo aunque a veces no siempre han visto mi mejor faceta. Pero para eso embarcamos juntos hace años en lo que la amistad conlleva, para aprender de vuestra mano a ser una mejor persona. Lo habéis conseguido.
A modo de agradecimiento solo me cabe esperar que después de años, continuemos queriéndonos como hasta ahora lo hemos hecho; juntos. Os quiero.



















