Giulietta poseía unos talentos especiales. No era una gran deportista, tampoco dibujaba especialmente bien y no destacaba por sus dotes de canto. Era una chica sencilla, con una rutina sencilla y con unos dones especiales como el de escribir y captar.
Escribir porque transmitía magia propia de los cuentos de hadas, te hacía soñar con el simple aliento de las palabras que colocadas y usadas correctamente creaban los más perfectos y dulces mundos que jamás hayamos conocido. En otras palabras, regalaba imaginación.
La segunda habilidad que la hacia brillar nacía de la primera, puesto que escribir le hacia libre para pensar y esa pequeña parte que quedaba virgen y desatada de monseñor ignorancia era la que la convertía en la mejor captadora de sueños, personas y felicidad.
Una mañana parecida a la de hoy, tuve la grata sorpresa de poder leer una pequeña obra escrita por la chica de los recuerdos enfrascados y sobre todo ordenados.
Mi primera sensación fue de sorpresa y pánico al sentir aquella narración como parte de su realidad; no me equivoqué demasiado.
La captadora tenía la capacidad de volver realidad lo que sus letras contaban y esa mañana lo descubrí.
Justo después de leer el crudo relato, mis ojos se encontraron con la atípica muchacha que escribía atípicos relatos y entonces comprendí que su vida no había sido fácil.
Comprendí que lo que contaba no solo era parte de su realidad si no parte de un mundo que un sueña. Era el reflejo fiel de muchos casos de amores imposibles por mera inexistencia, los muchos cuentos que se quedaban sin escribir o las muchas esperanzas que quedan dominadas por el miedo.
Desde entonces, la chica poco usual o por que no "rara" que se sentaba delante de mi todas las mañanas como las de hoy, pasó a ser una de las personas que más respeto por su grandeza y una a las que admiro profundamente por saber captar realidad y hacerla ficción.
Siempre a tus pies.
No hay comentarios:
Publicar un comentario