jueves, 6 de septiembre de 2012

La flaca.


Nuestra historia no comenzó de la mejor manera posible. Recuerdo con claridad que me declaré a ti como todo un galán, con la inocencia de un niño. No sé si seria por el exceso de tiza en polvo espirado o por el calor que todavía hacia en ese septiembre, pero el caso es que en esa maravillosa clase de matemáticas me dijiste que tu también “me querías”. Tanto duró nuestro amor que en plástica me dijiste que ya se había acabado y que lo nuestro era imposible.

Mi corazón, que por aquel entonces tendría el tamaño de una papa pocha, quedó destrozado. Pero tranquila, no te sientas culpable, desde que soy gay lo he superado. Haciendo memoria, llegaste a romperme el corazón más de una vez. Aquella vez que empezaste a salir con mi mejor amigo (una traición imperdonable), aquella vez que no te deje sentarte en medio de Bea y de mí en sociales (todo un drama), aquella otra que te di tu regalo de cumpleaños antes de la fecha por qué me era imposible verte del dolor que sentía… en fin.

El caso es que poco sabrían aquellos mocosos, seis años después, de lo que sería de nosotros y de nuestra larguísima historia de amor. Sabes, contigo me pasa algo que no me pasa con ninguna otra persona. Tengo ganas de protegerte, de que no te pase nada malo y de que la vida solo te traiga lo mejor que te pueda ofrecer.
En unos pocos días estaremos a muchos kilómetros de distancia y ya no estarás ahí para abrazarme cuando lo necesito. Ya no estarás para darme la mano cuando siento que no tengo fuerzas, ya no estarás para decirme esas tonterías que solo tú me dices. Se abre una etapa nueva de tu vida lejos de aquí, pero que estoy seguro que será una de tus mayores aventuras. Sería imposible expresarte lo mucho que has hecho por mí todos estos años, pero puedo decirte con la mano en el corazón, que parte de mi vida te la debo.
Quiero que sepas que para mí eres una de esas personas que me ha enseñado mucho de la vida. 

Me ha enseñado a reír, a pasarlo bien, a olvidar los problemas, a bailar con las alegrías y a convivir con las penas. Me has enseñado que un nada puede ser un todo, que un vacío puede significar un completo y que el vaso siempre está medio lleno.  Que las alegrías a medias pueden ser plenas, que en la lentitud existe lo tenaz y que en la rapidez hay energía. Que las noches pueden ser abrasadoras y los días muy fríos, que la altitud no siempre es sinónimo de triunfar y que caer no siempre significa perder.

Ya ni sabría cómo definirte. Eres el cambio hecho persona, lo inesperado. Eres una de esas chicas que se adaptan a las dificultades y las supera sin miedos, una de esas mujeres que tiene claro su objetivo, que sabe reaccionar ante lo inestable y que pelea por alcanzar la felicidad.
 Nuestra amistad nos ha dado momentos que quedarán para siempre grabados en nuestros corazones. Nos ha regalado un libro en el que hemos ido colocando cada letra con cautela pero con el mayor cariño que dos personas pueden tenerse. Y estoy seguro, también nos ha regalado vida.

Amiga, siempre te llevaré conmigo. Da igual el tiempo que pase hasta volver a verte (espero que no mucho porque te rajo como a una caballa), da igual la distancia que nos separe, da igual que hagamos nuevos amigos, nuevas vidas, da igual que crezcamos, que evolucionemos como personas… Siempre podrás contar conmigo, con tu “premo” favorito.
Ya por último me gustaría que sonrieras y pensaras en ese futuro prometedor que te espera por delante. Piensa que todo es temporal, que la vida cambia y que los sueños siempre seguirán. Siente que estoy contigo, a tu lado en todo momento. Cree que cuando te vuelva a ver te asfixiaré del abrazo que te daré.
Nunca desistas en el intento de lograr que tu vida sea increíble. Nunca caigas ante la ordenanza del miedo y demuéstrale, como hasta ahora, que contigo no podrá. Nunca permitas que otros te digan ni un ápice de cómo debes encaminar tu destino. Nunca apagues esa sonrisa que tanta falta me ha hecho. Nunca llores sin aprender de tus lágrimas. Nunca olvides que siempre te querré mi flaca. 

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